Se acabó el pastel
La verdad es que si digo que estoy sorprendida con el resultado de las elecciones municipales y autonómicas del día 22 de mayo, miento. Quizás, con lo único que no contaba era con la irrupción de UPyD tanto en el Ayuntamiento de Madrid como en la Comunidad. Sin embargo, sí me preocupa muchísimo cómo ha quedado el panorama, el retroceso que para la democracia de mínimos que tenemos supone la marea azul que nos invade.
Lo dije ayer en twitter cuando veía por televisión a los simpatizantes populares que se concentraban en Génova coreando lemas como “Esto es democracia y no lo de Sol” o “Fuera Bildu” – como si a Bildu no les hubieran votado los ciudadanos con el mismo procedimiento que a ellos -: Me dan miedo. Si algo han demostrado Camps, Aguirre y González Pons (porque a Rajoy le basta con titubear) es que no hace falta ni responder a la verdad ni ser responsable para ganar votos. De la misma manera que en #acampadasol se grita “Lo llaman democracia y no lo es”, los dirigentes populares llaman política a lo que no es más que chascarrillo y simpleza. Sin embargo, algo que en una democracia madura y real sería altamente castigado, aquí es lo que los ciudananos y ciudadanas votan ¿por qué?
Y si sólo fuera ese el problema, creo que estaríamos hablando de un simple cambio de estrategia política, de discurso o de manera de llegar a la base social, e incluso a los que de buena fe han visto en el Partido Popular una alternativa a la gestión de la crisis que estamos viviendo. La lista de imputados que han sido reelegidos, incluso subiendo el número de votos, es muy larga. Pero también hay algunos imputados directamente elegidos como el caso de Sandokan en Córdoba. Si en Alemania hay políticos que dimiten por haber “copiado” en su tesis doctoral, aquí parece que es necesario tener algún chanchullo para subir puntos de cara a la ciudadanía. Y eso también me da miedo, lo poco exigentes que somos con nuestra democracia y con las personas que nos representan.
Y tampoco creo que ese sea el mayor de los problemas. Se soluciona con una justicia ágil y proporcional a los delitos cometidos y con una mayor concienciación social. El problema mayor creo yo es que estamos ante una democracia deslegitimada, en la que se ha instalado en el subconsciente colectivo que no hay más que una política gobierne quien gobierne, una democracia en la que se ha instalado el chantaje de los grandes intereses, donde se ha visto que poco importa al final el que vota y sus aspiraciones, en una democracia donde importan más los ritos (las últimas decisiones de la Junta Electoral Central son un ejemplo) que los contenidos.
Hay esperanza, claro que sí. #acampadasol y todas las acampañadas de las plazas de España animan a seguir trabajando por tener una democracia de verdad. No les quiero interpretar, pero me parece que la indignación responde a estos parámetros de baja calidad democrática, de no conformarse – como quieren los partidos mayoritarios – con votar cada cuatro años al aparato de turno. Pero, desgraciadamente, no explica todo lo que pasa, no explica esa tsunami de votos populares de ayer.
Uno de los argumentos que se ha utilizado en contra del surgimiento de EQUO como movimiento político ha sido que dividíamos a la izquierda y favorecíamos al PP. Como la ecología política ya estaba recogida en los programas del PSOE y de IU, no éramos necesarios y que lo único que buscábamos era fragmentar aún más el voto. No me voy a entretener en descalificar esos argumentos. Desgraciadamente, la realidad lo hace por mí. Hasta aquí han llegado PSOE e IU. El primero haciendole el trabajo duro a la derecha e IU incapaz de recoger ni siquiera el descontento. Si van a seguir así, sigan a Rosa Díez. Lo hace infinitamente mejor.
Hay gente que me ha reprochado que llevo varias semanas blandita, que casi no hablo de política. Aparte de mis problemillas de salud, tampoco quería hacer sangre, siguiendo ese gran dicho español “Que no vaya a ser por mí” pero visto lo visto, se acabó el pastel. Anuncio que estoy oficialmente de campaña electoral para que EQUO sea un agente político relevante en las elecciones generales que se avecinan. ES EL MOMENTO
Están todos ustedes invitados a participar